Tu carne blanca de tibio remanso,
humedad de rayo de luna y mucilago pastoso
de sabor salado; sin rescoldos ni velos,
anhelo de tus entrañas de paz.
humedad de rayo de luna y mucilago pastoso
de sabor salado; sin rescoldos ni velos,
anhelo de tus entrañas de paz.
Ser al tacto de tus profundidades,
y la rubia cabellera, que en tormenta
se alborota y desorienta,
y gime y muere en azucarado pudor.
y la rubia cabellera, que en tormenta
se alborota y desorienta,
y gime y muere en azucarado pudor.
Muerte en cáliz de sal y marismas,
y el olor de la playa de carnes tibias,
quien te pudiera tocar, canta el viento,
sin espacio a la respiración y el sudor.
y el olor de la playa de carnes tibias,
quien te pudiera tocar, canta el viento,
sin espacio a la respiración y el sudor.
Dentro de ti, con el olvido y la inocencia,
muriendo de vida, y agonía efímera,
caricias hipócritas, piel de luna,
y una lengua lasciva que olvida un segundo.
muriendo de vida, y agonía efímera,
caricias hipócritas, piel de luna,
y una lengua lasciva que olvida un segundo.
Lluvia de quimeras pasadas
en esta vida o en la otra,
y las lenguas que penetran,
las lánguidas delicias de morir.
en esta vida o en la otra,
y las lenguas que penetran,
las lánguidas delicias de morir.
Nívea voluntad que fenece,
sin vida y sin relicarios.
Prohibida faz nueva, placer de muerte,
y el anillo de felicidad e inocencia.
sin vida y sin relicarios.
Prohibida faz nueva, placer de muerte,
y el anillo de felicidad e inocencia.
Un segundo, ópalo derramado en tu piel,
y sin sentido morir, nacer, nada importa,
sin sonido ni calor, ni almíbar ni paz,
el olvido queda, ya no hay nada más
y sin sentido morir, nacer, nada importa,
sin sonido ni calor, ni almíbar ni paz,
el olvido queda, ya no hay nada más
Rafael Prado