lunes, 5 de enero de 2015

Post umbra

Con letras ya borradas por los años,
En un papel que el tiempo ha carcomido,
Símbolo de pasados desengaños,
Guardo una carta que selló el olvido.

La escribió una mujer joven y bella.
¿Descubriré su nombre? ¡no!, ¡no quiero!
Pues siempre he sido, por mi buena estrella,
Para todas las damas, caballero.

¿Qué ser alguna vez no esperó en vano
Algo que si se frustra, mortifica?
Misterios que al papel lleva la mano,
El tiempo los descubre y los publica.

Aquellos que juzgáronme felice,
En amores, que halagan mi amor propio,
Aprendan de memoria lo que dice
La triste historia que a la letra copio:

«Dicen que las mujeres sólo lloran
Cuando quieren fingir hondos pesares;
Los que tan falsa máxima atesoran,
Muy torpes deben ser, o muy vulgares.

»Si cayera mi llanto hasta las hojas
Donde temblando está la mano mía,
Para poder decirte mis congojas
Con lágrimas mi carta escribiría.

»Mas si el llanto es tan claro que no pinta,
Y hay que usar de otra tinta más obscura,
La negra escogeré, porque es la tinta
Donde más se refleja mi amargura.

»Aunque no soy para sonar esquiva,
Sé que para soñar nací despierta.
Me he sentido morir y aún estoy viva;
Tengo ansias de vivir y ya estoy muerta.

»Me acosan de dolor fieros vestigios,
¡Qué amargas son las lágrimas primeras!
Pesan sobre mi vida veinte siglos,
Y apenas cumplo veinte primaveras.

»En esta horrible lucha en que batallo,
Aun cuando débil, tu consuelo imploro,
Quiero decir que lloro y me lo callo,
Y más risueña estoy cuanto más lloro.

»¿Por qué te conocí? Cuando temblando
De pasión, sólo entonces no mentida,
Me llegaste a decir: te estoy amando
Con un amor que es vida de mi vida
.

»¿Qué te respondí yo? Bajé la frente,
Triste y convulsa te estreché la mano,
Porque un amor que nace tan vehemente
Es natural que muera muy temprano.

»Tus versos para mí conmovedores,
Los juzgué flores puras y divinas,
Olvidando, insensata, que las flores
Todo lo pierden menos las espinas.

»Yo, que como mujer, soy vanidosa,
Me vi feliz creyéndome adorada,
Sin ver que la ilusión es una rosa,
Que vive solamente una alborada.

»¡Cuántos de los crepúsculos que admiras
Pasamos entre dulces vaguedades;
Las verdades juzgándolas mentiras
Las mentiras creyéndolas verdades!

»Me hablabas de tu amor, y absorta y loca,
Me imaginaba estar dentro de un cielo,
Y al contemplar mis ojos y mi boca,
Tu misma sombra me causaba celo.

»Al verme embelesada, al escucharte,
Clamaste, aprovechando mi embeleso:
Déjame arrodillar para adorarte;
Y al verte de rodillas te di un beso.

»Te besé con arrojo, no se asombre
Un alma escrupulosa y timorata;
La insensatez no es culpa. Besé a un hombre
Porque toda pasión es insensata.

»Debo aquí confesar que un beso ardiente,
Aunque robe la dicha y el sosiego,
Es el placer más grande que se siente
Cuando se tiene un corazón de fuego.

»Cuando toqué tus labios fue preciso
Soñar que aquél placer se hiciera eterno.
Mujeres: es el beso un paraíso
Por donde entramos muchas al infierno.

»Después de aquella vez, en otras muchas,
Apasionado tú, yo enternecida,
Quedaste vencedor en esas luchas
Tan dulces en la aurora de la vida.

»¡Cuántas promesas, cuántos devaneos!
el grande amor con el desdén se paga:
Toda llama que avivan los deseos
pronto encuentra la nieve que la apaga.

»Te quisiera culpar y no me atrevo,
Es, después de gozar, justo el hastío;
Yo que soy un cadáver que me muevo,
Del amor de mi madre desconfío.

»Me engañaste y no te hago ni un reproche,
Era tu voluntad y fue mi anhelo;
Reza, dice mi madre, en cada noche;
Y tengo miedo de invocar al cielo.

»Pronto voy a morir; esa es mi suerte;
¿Quién se opone a las leyes del destino?
Aunque es camino oscuro el de la muerte,
¿Quién no llega a cruzar ese camino?

»En él te encontraré; todo derrumba
El tiempo, y tú caerás bajo su peso;
Tengo que devolverte en ultratumba
Todo el mal que me diste con un beso.

»Mostrar a Dios podremos nuestra historia
En aquella región quizá sombría.
¿Mañana he de vivir en tu memoria...?
Adiós... adiós... hasta el terrible día».

Leí estas líneas y en eterna ausencia
Esa cita fatal vivo esperando...
Y sintiendo la noche en mi conciencia,
Guardé la carta y me quedé llorando.


Juan de Dios Peza

domingo, 4 de enero de 2015

Tumba

Ya nunca volverán los días del estío,
solo el invierno blanco y azul queda;
Y en la faz del monte brilla cristalino metálico,
el hielo ardiente que serpea cual camino.

Si las lisonjas fuesen clavos de hierro;
si el madero al crujir clamara la paz;
si en serenidad insensible pudiese vivir,
si la luz segara al fin el terrible brazo de mi sino.

No habría una huella mas bajo mi paso,
ni el sonido tintineante de las campanas,
solo el silbido fugaz del viento sobre la tierra,
y la sombra eterna del polvo frente a mi puerta.

Rafael Prado

domingo, 28 de diciembre de 2014

Almíbar

Tu carne blanca de tibio remanso,
 humedad de rayo de luna y mucilago pastoso
de sabor salado; sin rescoldos ni velos,
 anhelo de tus entrañas de paz.
Ser al tacto de tus profundidades,
y la rubia cabellera, que en tormenta
se alborota y desorienta,
y gime y muere en azucarado pudor.
Muerte en cáliz de sal y marismas,
y el olor de la playa de carnes tibias,
quien te pudiera tocar, canta el viento,
sin espacio a la respiración y el sudor.
Dentro de ti, con el olvido y la inocencia,
muriendo de vida, y agonía efímera,
caricias hipócritas, piel de luna,
y una lengua lasciva que olvida un segundo.
Lluvia de quimeras pasadas
en esta vida o en la otra,
y las lenguas que penetran,
las lánguidas delicias de morir.
Nívea voluntad que fenece,
sin vida y sin relicarios.
Prohibida faz nueva, placer de muerte,
y el anillo de felicidad e inocencia.
Un segundo, ópalo derramado en tu piel,
y sin sentido morir, nacer, nada importa,
sin sonido ni calor, ni almíbar ni paz,
el olvido queda, ya no hay nada más

Rafael Prado

Muerte

Con voz de alcohol, y vino en los labios,
canto la canción del amor perdido,
y no hay desnudos ni mujer ni dios,
solo la mueca terca del que no sonrió.

Las notas viejas que consumen el brío,
de un señor que siempre supo mentir,
y se cansó del sonido del pasado estío,
y no quedo a su corazón nada mas que latir.

El camino de tierra y cal se esfuma,
y en la mente solo la calma fugaz de la muerte,
no hay silencio lascivos en la cama,
ni nada mas allá de la ley del fuerte.

Morir lentamente, como el cigarrillo,
que se enciende, y fallece en labios de sal,
y mi historia contada desde un pestillo,
y sobre la seda, en la fosa, solo la cal.

Muere el vagabundo, por amor vencido,
como el vino muere en la boca del mar,
solo con el cansancio del camino recorrido,
y el corazón en vela, en busca de la paz.

El rancio olor de ajenjos y de amor,
la nostalgia mustia de la canción que duerme,
y solo queda el ocaso de un sueño,
que sin la sutil mañana, solo muere.


Rafael Prado

domingo, 7 de diciembre de 2014

Tears

Illness, darkness, death,
broken heart, suffering, salt,
unspoken words, tears,
loneliness, just loneliness.
As a which in the silent of the night,
I claim your name, your heart.
As a blind man searching for his path,
I cried your name, in my lost mind.
There’s no more air in my lungs,
just the spirits of past and the smoke,
forgotten words flood my mind,
and the murk blind my past.
The sweetness of your smell,
running in my memories,
and the tears of the sorrow,
taking out my live.
There’s no more ways,
there’s no more love,
the angels are falling,
as leaves in the autumn.

The salty water,
became a sad land,
just my eyes now,
are full of salt.

Rafael Prado

Amatista


Ilusiones de amatista, sudor, piel,
montículos firmes, hiel y saliva,
ardiente espuma, blanca y salada,
neblina de vaho, gemidos de miel.
Los pormenores del sexo se desvanecen,
entre rubios y suaves lazos de humedad,
marismas de mucilago, alcanfor y sal,
carne que quema, que mata y muere.

Rincones cálidos y abiertos,
quimeras desgarradas,
movimiento, caricias veladas,
placer y sudor en los labios.
Y mientras la carne matiza el violáceo,
y mientras viertes fuentes lejanas
de quimeras y agua salada,
caes y duermes saboreando tu apetito.

Rafael Prado

Aire

Manos que juegan y se entrelazan,
pieles húmedas, lazos vagos;
las notas y matices se disipan desde tu cuerpo
y van a caer en el letargo de mi respiración.
Te toco, te inhalo, te beso…
...tu piel posee el intoxicante perfume de mis desvelos,
tu piel salada, tibia, trémula, abierta.

Deambulo con las yemas por los senderos de tu cintura,
siento en mis entrañas el lascivo deseo de prolongar los segundos.

Olor que ahora lo es todo, aspiración frenética, a dos milímetros de tu piel.
Aroma a alcohol y a mujer que desde tu cuerpo nace.
Hechizándome, conmoviéndome, inmolándome,
incitándome a desearte, a permanecer en tu ser,
a caminar una a una las veredas que en tu cuerpo
de alabastro y granito han sido dibujadas.

Te observo con los parpados cerrados, te toco con las mejillas y los labios,
lentamente me desvanezco, me convierto en el humo efímero que llena tus pulmones.
Te penetro, me penetras, somos aire que se esparce por la habitación
y es respirado por el uno y el otro.
Y así voy cayendo, feneciendo ante el letargo dulce y perfecto de tu aliento que quema, que sofoca mi respiración.

El letargo inunda mi mente, el letargo…el letargo…solo el letargo,
la hipnosis de tu humedad, de tu lengua, de tu tacto.
Ya no soy yo quien soy, ni tu eres quien eras antes…
...la metamorfosis de tu esencia te transporta,
te muta en un ser inmaterial que ha de habitar en mi carne, en mi sangre, en mis sentidos.

La mañana se aviene, y yo despierto en mi lecho…solo.
Has sido tú la compañía de unas horas, y de mi noche la esencia toda…
mi piel aun huele a ti, y me alegro…y pienso…
“Tal vez mañana te pueda respirar…una vez mas”

Rafael Prado