domingo, 7 de diciembre de 2014

Aire

Manos que juegan y se entrelazan,
pieles húmedas, lazos vagos;
las notas y matices se disipan desde tu cuerpo
y van a caer en el letargo de mi respiración.
Te toco, te inhalo, te beso…
...tu piel posee el intoxicante perfume de mis desvelos,
tu piel salada, tibia, trémula, abierta.

Deambulo con las yemas por los senderos de tu cintura,
siento en mis entrañas el lascivo deseo de prolongar los segundos.

Olor que ahora lo es todo, aspiración frenética, a dos milímetros de tu piel.
Aroma a alcohol y a mujer que desde tu cuerpo nace.
Hechizándome, conmoviéndome, inmolándome,
incitándome a desearte, a permanecer en tu ser,
a caminar una a una las veredas que en tu cuerpo
de alabastro y granito han sido dibujadas.

Te observo con los parpados cerrados, te toco con las mejillas y los labios,
lentamente me desvanezco, me convierto en el humo efímero que llena tus pulmones.
Te penetro, me penetras, somos aire que se esparce por la habitación
y es respirado por el uno y el otro.
Y así voy cayendo, feneciendo ante el letargo dulce y perfecto de tu aliento que quema, que sofoca mi respiración.

El letargo inunda mi mente, el letargo…el letargo…solo el letargo,
la hipnosis de tu humedad, de tu lengua, de tu tacto.
Ya no soy yo quien soy, ni tu eres quien eras antes…
...la metamorfosis de tu esencia te transporta,
te muta en un ser inmaterial que ha de habitar en mi carne, en mi sangre, en mis sentidos.

La mañana se aviene, y yo despierto en mi lecho…solo.
Has sido tú la compañía de unas horas, y de mi noche la esencia toda…
mi piel aun huele a ti, y me alegro…y pienso…
“Tal vez mañana te pueda respirar…una vez mas”

Rafael Prado


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