Notas de Beethoven, infranqueable resonancia entre el silencio y la distancia
de dos seres que se
aman y no se tocan.
Caricias distantes de áspero sonido y frenética
mirada.No queda nada más allá del whiskey y un poco de
argot,Solo melosas melodías, obsesivas, compulsivas,No queda nada más allá de sonidos estridentes,Y de muertes, y de presagios
y la noción de un mundo
austero y vacío,Donde llenar de susurros el sonido de la nada. Añoranza cálida de lunas muertas,
de caricias
perdidas.El deseo inaudible, el suplicio intermitente,Entre el cielo de cantos matinales,
y el sepulcral
sonido de criptas vacías.No hay caricias, ni calor, ni nada,Solo una resonancia hueca que muere entre músculos yermos. Carne, no mas, solo espacio entre las costillas,Hormigueante calor de cenizas pasadas,
muertas,
lejanas. Y los huesos que se calcinan,
Y claman el futuro de la hierba fresca,Bajo el fuego de esa lucha,
de esa cuesta que no
llega a su final. Dios! Dios! El demente de los clamores ajenos,
la criatura sorda de madera,
que inmutable, y cínico permanece ausente,
aunque el mundo colapse,
aunque el corazón muera. No hay más, solo el recelo
y el tibio y acre olor
del opio y alcohol.
Morimos los que permanecemos,
sin más posesión que el delirio.Fenecemos ante el dolor que es la vida,
la desagradable interrupción de lo inexistente,
la muerte que macera detrás de las cuecas de los ojos,que es la única vida que en nosotros puede haber.
Morimos de amores viejos,
y luchamos, y morimos más,
y no hay ocaso ni praderas,
ni verdes bosques, ni promesas.
Solo arena terracota, solo quimeras de sal.
Rafael Prado
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