Pronuncio tu nombre, deambulo por el umbral de
tu alcoba.
Como cada noche, recojo mis cenizas y las
esparzo sobre el lecho que no ocupas.
Soy lo que queda, soy los restos de tu voz en
mis oídos; soy la luz que por las noches apagas sin saber que mi mano acaricia
tu puerta.
He recorrido el silencio, la penumbra mustia;
añorando el verme en tus pupilas.
Vagabundeo silencioso en la oscuridad.
Lasos rotos, angustia de tu piel…ya solo queda
el lecho al que no he de volver.
Rafael Prado
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