lunes, 17 de noviembre de 2014

El ocaso



La ceguera lunar acontece en mi cerebro,
cada noche, cada fantasía, cada risa mustia
nubla la razón y el idilio de la ausencia.
Quimeras cayendo en mi  alejamiento,
nubes grises, fantasmas del ayer que es hoy.

Todo es pasado en mí sino, todo es distancia;
sin sueños la faena corre, gime y vaga.
Por tierra caen los pasos de un ayer
que clama por la presencia del letargo,
que fantasea con lo absoluto de la nada.

Te observo, no se quien eres, ignoro tu nombre,
te añoro fantasma del estío, fatalidad del tiempo.
Tus senos arden en la humedad de mis labios,
tus caminos serpentean, se disipan y regresan
a los senderos de mi mente, de mi espera.

¿Quien eres tú, calida figura sin pasiones?
¿Quién eres tú, sonrisa de azafrán y  magenta?
Pregunto a la sombra blanquecina que inunda mis recuerdos,
sin respuesta se quedan mis oídos, no hay sonidos en tu cielo.

Hay un lago en el pueblo viejo, un lago de aguas cristalinas,
el miedo recorre mi cuerpo, solo puedo soñar el blanco de tus velas.
Ven a mi, nave clara del ocaso,
ven a mi, obscuridad libertadora,
temo el sonido de tus labios en mi boca,
pero te besare, si prometes liberarme.

Rafael Prado

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